Hay días iluminados por pequeñas cosas, por nimiedades que te hacen increíblemente feliz: una sobremesa con risas, un juguete de la infancia que aparece en la estantería de un anticuario, una mano que aprieta la tuya, una llamada que no esperabas, unas palabras dulces... Hay días iluminados por pequeños momentos de gracia, un aroma que te alegra el alma, un rayo de sol que entra por la ventana, el ruido de un chaparrón cuando estás todavía en la cama o la llegada de la primavera y sus primeros brotes.Hay días hechos de tonterias, días de los que uno se acuerda mucho tiempo sin que pueda verdaderamente saber por qué. Hay días que llenan el alma de melancolía, momentos de los que uno se acuerda durante mucho, mucho tiempo.
El tiempo no lo borra todo, algunos instantes permanecen intactos en nuestra memoria sin que sepamos por qué lo hacen unos más que otros. Quizá sean algunas confidencias sutiles que la vida nos ofrece en silencio.
Creo que la historia se teje así, con una sucesión de pequeños instantes, hasta que un día contemplas el placer de un pasado compartido.




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